De Revolución y Reformas
Publicado por Elsiniestrofarsante
En el marco de las movilizaciones estudiantiles y con el giro que esta tuvo hacía un llamado “movimiento social”, es en donde aparecieron las históricas diferencias entre un sector que a pesar de ser llamado genéricamente izquierda, posee la más variopinta gamma de discursos, estética y formas de actuar y entender la realidad.
La mayoría política generada en la CONFECH dejó de manifiesto la atomización excesiva de grupos que durante años actuaron de manera independiente, madurando ideas y discurso, pero generalmente asociados a colectivos u organizaciones menores. Este tipo de organizaciones contaban con espacios de influencia muy reducidos, en los cuales nunca se enfrentaron a una programación de ideas y acciones de amplio espectro, menos de un programa de trabajo masivo a nivel nacional. Trabajo que se vino encima de un grupo de estudiantes que jamás pensó en encabezar la mayor movilización estudiantil que se registre y que dejó como saldo, peleas, escupos, golpes y un movimiento que muchas veces pareció quebrado, pero que a su vez esgrimía estas diferencias como su mayor fortaleza.
Y es que desde una perspectiva muy clásica entenderíamos el proceso de acumulación de fuerzas sociales, la agudización de las contradicciones, el quiebre institucional y la revolución social como el encauce lógico que debería asumir la izquierda, sin embargo las nuevas realidades económicas, el aumento de ciertas libertades, el mass media como sistema de control social, pero a su vez las redes sociales como una forma de reunirse (virtualmente) y debatir temáticas antes vedadas y compartir información con libertad y sin miedo; desmanteló la lógica de la izquierda clásica e instaló una serie de nuevos paradigmas que desechan a las antiguas ideologías y que se levantan como plataformas de un nuevo pensamiento mundial. El asambleísmo, los sistemas federativos, la horizontalidad, la democracia directa y el rechazo generalizado a los sistemas partidistas se han instalado en las nuevas orgánicas sociales con mucha fuerza, produciendo un choque tremendo con una institucionalidad vertical y muy reacia a transformarse y ceder espacios e influencia.
Pero desde esta perspectiva es en donde surge una diferencia discursiva clara y demoledora en la praxis de la izquierda, reformamos la institucionalidad o la quebramos. Y es que las reformas y las coyunturas sociales pueden ser efectivas para muchos grupos de diferentes intenciones, y al momento de hablar de educación gratuita y de calidad, se coquetea claramente con el reformismo. Pero esto se entiende en la génesis del movimiento estudiantil, reivindicativo en su nacimiento y que jamás pensó el impacto que tendría en la ciudadanía y en el mundo. El reformismo, por tanto, que nace en torno a las coyunturas sociales, tiene una base política populista (entendida en sentido positivo) y social y actualmente se le achaca principalmente al Partido Comunista y ciertos grupos autonomistas. Sin embargo si hacemos historia, la gran masa politizada que existía en los 70’ fue producto de la serie de reformas y gobiernos populistas y de base social que existieron por un periodo amplio de tiempo y que generaron las condiciones que muchos añoran y citan en la actualidad como periodo pre-revolucionario.
Por tanto cabe preguntarse acerca de estas nuevas formas de organización, ¿las institucionalizamos?, el sistema de consulta ciudadana, el plebiscito, la asamblea constituyente, romper el binominal, etc. son claros ejemplos de reformismo, pero que hacen mucho eco en la población en general, una población poco politizada y por tanto poco interiorizada en discursos más radicales o que planteen un quiebre en la institucionalidad actual, pero claramente ansiosas de participación y deliberación, casi a modo de catarsis de un sistema que agota y angustia.
Por otro lado las asambleas populares, ciudadanas, la convergencia de las organizaciones sociales y de trabajadores, atacar la producción, criticar al sistema en general, desconocer la actual institucionalidad y no participar de ella, ni plantear caminos “alternativos”, desnudar las injusticias del sistema y levantar una gran masa o movimiento social deliberante para exigir un cambio radical (revolución), es el camino tentador para el sector Revolucionario, el cual ha ganado experiencia, discurso y apoyo en estos meses de manifestaciones sociales.
Sin embargo la base social para los cambios, reformas o la revolución misma, está lejos de ser la necesaria para llegar a objetivo alguno. Las actuales formas orgánicas exigen a un pueblo o ciudadanía comprometida, informada, participativa y sin miedo. Y si bien el cambio en la mentalidad se está generando, estamos a mucha distancia de ser un movimiento social propiamente tal, con un diagnóstico macro de la sociedad y sus problemáticas, sino que todavía aisladamente las miramos desde una perspectiva gremial y reivindicativa, piedra de tope por tanto de cambios estructurales reformistas y menos todavía de una revolución social.
Ambos caminos siempre existirán, mas no cohabitaran en determinados momentos, pero por ahora conviven en espacios deliberativos comunes, sobre todo a nivel estudiantil y dependerá de un trabajo estructurado y programático cuál será el que prime en un futuro y que cambiará nuestra forma de organizar a la sociedad y al mundo. Pero claramente en la medida que las decisiones se tomen en grandes mayorías populares, inclusivas, deliberativas y politizadas, avanzaremos a un equilibrio en posturas que si bien parecen antagónicas a ratos, buscan un objetivo claro…la libertad y el bien común.
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Acerca de Elsiniestrofarsante
Nada más que pasear por el lindo parque de las incoherencias...Publicado el 19 19UTC diciembre 19UTC 2011 en Sin categoría y etiquetado en CONFECH, Estudiantes, movimientos sociales, Reforma, revolución. Guarda el enlace permanente. Dejar un comentario.
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